Acabo de editar mis notas anteriores para que sean legibles con la nueva plantilla que puse en mi blog y descubrí que en más de una ocasión definí para que utilizaría este espacio. Me sorprendí -honestamente- de los variados giros que he tenido en estos últimos años.
Debido a los últimos acontecimientos en mi vida he pensado bastante, encontrando definiciones autoimpuestas en mi actuar, reglas para diversas circunstancias, además de un sinnúmero de sueños, frustraciones y alegrías en mi camino. Podría decirse que es lo normal, pero definitivamente he puesto énfasis en los márgenes de acción.
Lo que vi reflejado en mis entradas -las definiciones de uso de este espacio- muestran que me he esmerado por controlar las circunstancias a toda costa (en mi antiguo blog escribí algo sobre las circunstancias y desde ese día -aunque no recuerdo el contenido de la entrada- adoro esa palabra).
¿Con qué fin hice eso? Mi psicólogo diría que es mi perfil de carácter obsesivo que necesita tener todo bajo control para disminuir los niveles de ansiedad, pero de forma menos técnica y a mi modo de ver, simplemente me gusta saber a dónde pisaré para avanzar.
Pero por ahora me cuesta mirar al futuro. Y no lo digo en el sentido de creer que lo hay, sino que no me veo en el, porque con suerte me encuentro en el presente, además de haber comprobado empíricamente que mis métodos de control sirven de nada. Pero pese a eso, quiero creer que esta es una oportunidad para ser más feliz.
Y si considero este quiebre como un comenzar, una nueva oportunidad, mi única obligación para conmigo es tomar esa chance. Qué significa eso por ahora no es claro, pero a ratos siento que tampoco es necesario que llegue esa claridad.
Muchas veces me han dicho que soy cuadrada y, efectivamente, hay "cuadradeces" que no abandonaré, como la de mi manejo financiero. Pero siento que puede ser útil liberarme de algunos temores y esquemas.
Por eso mismo, he decidido que este espacio no tendrá un fin específico. Qué encontrarán será algo tan indeterminado como que escribiré o publicaré y, por tanto, dependerá de ese futuro que no somos capaces de controlar, aunque lo planeemos todo.
Quizás es la primera lección que aprendo de esto, porque pese a que tracé con delicadeza cada movimiento de lo que tuve, no pude controlar un millar de factores que finalmente hicieron que mi hermoso bosquejo de una vida quedara arruinado.
En esa misma línea es que, hace unos días, con una amiga recordamos las muertes de los seres queridos -ella de su padre y yo de mi abuelo- y verbalizamos lo que esos momentos nos hicieron cuestionarnos. Ella se cuestionó la volatilidad de la vida y yo la capacidad coartadora de la muerte. En el fondo apuntábamos a lo mismo, como de un momento a otro cambian las circunstancias sin que puedas hacer nada, absolutamente nada.
Después de esa conversación es que vi con mayor claridad a lo que me estaba enfrentando. Porque hacer un duelo suena como a llorar lo que perdiste (o así lo plantea la gente), pero en realidad es llorar por lo que no tendrás. En mi caso, porque todos esos proyectos y planes fina y meticulosamente planeados jamás se realizarían, y el matrimonio, los viajes, los hijos y demases nunca llegarían.
La respuesta más reiterativa es que no era el momento y fue muchos mejor ahora que después de que todo eso pasara, pero eso no es algo aplicable en realidad. Efectivamente no es lo mismo deshacer un noviazgo que un matrimonio con hijos (principalmente porque hay más involucrados), pero siempre habría planes que quedarían truncados y eso es lo que en alguna medida se llora.
Lo que viví no se irá de ninguna forma y aunque hoy me cueste reconocerlo, crecí, aprendí y descubrí muchas cosas que sola o con otro jamás habría encontrado. Pero ya no podré, de ninguna forma, vivir lo que íbamos a vivir juntos, porque ya no hay un nosotros y ahí está el origen de la pena.
Sé que dirán que estoy loca, que es increíble como me gusta calentarme la cabeza y que hasta esta entrada se parece más a una de Bar que a una mía. Solo puedo decir que en estos momentos es difícil frenar al cerebro y que, como dice Shrek, es mejor afuera que adentro.
En resumen, trataré que esta incertidumbre perdure en el tiempo y me de así más libertad en el futuro. Espero que así mi vida sea más fácil, me haga más feliz y me evite un episodio como este nuevamente...aunque mientras haya un otro involucrado -y eso ocurrirá siempre porque no vivo sola en el mundo- nunca se sabrá el final de la historia.
Y eso se verá reflejado en este espacio que, como ven, se transformará en un revoltijo de emociones, palabras, imágenes y sonidos que me permitirán elaborar mis ideas y dar el siguiente paso...quien sabe hacia donde.
sábado, 15 de enero de 2011
domingo, 2 de enero de 2011
Aprender a rendirse
Hay momentos en la vida en que uno debe aprender a rendirse. Y no es que crea que todas las batallas deben ser abandonadas, pero balanza en mano se descubre que hay luchas que matan antes de pelearse.
Quisiera no tener que decirlo, pero efectivamente esta batalla ya no vale la pena. No alcanza el amor, la paciencia, la inocencia, la confianza ni ninguno de esos tiernos sentimientos que todo corazón enamorado suele guardar.
Asumo que muchas veces me dejé consumir por esa nebulosa del romanticismo que siempre me ha caracterizado, tratando de ver siempre el vaso medio lleno y no medio vacío. Valoré cada paso y puse mi fe en esos avances, creí en los cimientos que juntos pusimos día a día e intenté dejar atrás las críticas e intervenciones externas para no contaminar el proceso. Trabajé en mi carácter, entregué todos mis sentimientos, dediqué cada segundo a que las cosas funcionaran lo mejor posible y, en algún momento y pese a que muchos me criticaron por ello, postergué mis espacios en pos del mundo compartido, de ese nosotros que tanto quería.
Pese a sus errores y los míos nos di más de una oportunidad para volverlo ha internar, para que ese amor profundo y sin límites no se perdiera en las palabras y las caricias, tomando el cuerpo que siempre deseamos, transformándose en nuestra vida.
Fui demasiado ingenua, entregada, apasionada. Puse toda mi energía a disposición del proyecto y bajé cada una de las barreras que intento poner entre el mundo y yo. Tal vez el problema es que soy intrínsecamente tonta, creo en la gente y me dejo llevar por esa cálida sensación que entrega la confianza y el cariño.
No creo que haya tenido jamás malas intenciones, no, tengo obsolutamente claro que me amaba demasiado como para siquiera soñar con hacerme algún daño, pero sin duda tenía una serie de defectos que no lo ayudaban a amarme.
¿Qué pasó entonces? Como suelo decir muchas veces, es una interesantísima pregunta. La verdad es que en esta ocasión me cuesta ver en que fallé, aunque supongo que tengo responsabilidad en el proceso. Es posible que le haya hecho creer que haría cualquier cosa, que este efectivamente era como un cuento y que nada ni nadie nos separaría. Al parecer soy menos princesa de lo que quisiera.
Por su parte, él no supo luchar contra sus miedos, fue más fuerte su temor que su amor, si inmadurez que su confianza en nosotros y se entregó a las circunstancias.
¿Que viene ahora? Luchar para que no me ahogue la corriente, para que la pena no me consuma, que este amor se muera y me deje seguir caminando quién sabe hacia dónde. ¿Cómo se hace todo eso? Nuevamente, una interesantísima pregunta.
En teoría el 2011 traía una serie de proyectos especiales: estudiar inglés, aprender a manejar, quizás encontrar un mejor trabajo. Pero había un proyecto único y especial que le daba sentido a todos los demás. Ahora siento que fui tonta, inmadura, apresurada, pero supongo que todo estaba justificado en esa fuerza impetuosa e inagotable que me daba el amarlo. Si miramos el lado positivo me ahorraré mucho dinero y dolores de cabeza.
Si miramos el lado negativo podría escribir un nuevo post, pero ya no creo que valga la pena.
Hay momentos en que uno debe aprender a rendirse. Al parecer este será mi primer momento. Hasta siempre.
Quisiera no tener que decirlo, pero efectivamente esta batalla ya no vale la pena. No alcanza el amor, la paciencia, la inocencia, la confianza ni ninguno de esos tiernos sentimientos que todo corazón enamorado suele guardar.
Asumo que muchas veces me dejé consumir por esa nebulosa del romanticismo que siempre me ha caracterizado, tratando de ver siempre el vaso medio lleno y no medio vacío. Valoré cada paso y puse mi fe en esos avances, creí en los cimientos que juntos pusimos día a día e intenté dejar atrás las críticas e intervenciones externas para no contaminar el proceso. Trabajé en mi carácter, entregué todos mis sentimientos, dediqué cada segundo a que las cosas funcionaran lo mejor posible y, en algún momento y pese a que muchos me criticaron por ello, postergué mis espacios en pos del mundo compartido, de ese nosotros que tanto quería.
Pese a sus errores y los míos nos di más de una oportunidad para volverlo ha internar, para que ese amor profundo y sin límites no se perdiera en las palabras y las caricias, tomando el cuerpo que siempre deseamos, transformándose en nuestra vida.
Fui demasiado ingenua, entregada, apasionada. Puse toda mi energía a disposición del proyecto y bajé cada una de las barreras que intento poner entre el mundo y yo. Tal vez el problema es que soy intrínsecamente tonta, creo en la gente y me dejo llevar por esa cálida sensación que entrega la confianza y el cariño.
No creo que haya tenido jamás malas intenciones, no, tengo obsolutamente claro que me amaba demasiado como para siquiera soñar con hacerme algún daño, pero sin duda tenía una serie de defectos que no lo ayudaban a amarme.
¿Qué pasó entonces? Como suelo decir muchas veces, es una interesantísima pregunta. La verdad es que en esta ocasión me cuesta ver en que fallé, aunque supongo que tengo responsabilidad en el proceso. Es posible que le haya hecho creer que haría cualquier cosa, que este efectivamente era como un cuento y que nada ni nadie nos separaría. Al parecer soy menos princesa de lo que quisiera.
Por su parte, él no supo luchar contra sus miedos, fue más fuerte su temor que su amor, si inmadurez que su confianza en nosotros y se entregó a las circunstancias.
¿Que viene ahora? Luchar para que no me ahogue la corriente, para que la pena no me consuma, que este amor se muera y me deje seguir caminando quién sabe hacia dónde. ¿Cómo se hace todo eso? Nuevamente, una interesantísima pregunta.
En teoría el 2011 traía una serie de proyectos especiales: estudiar inglés, aprender a manejar, quizás encontrar un mejor trabajo. Pero había un proyecto único y especial que le daba sentido a todos los demás. Ahora siento que fui tonta, inmadura, apresurada, pero supongo que todo estaba justificado en esa fuerza impetuosa e inagotable que me daba el amarlo. Si miramos el lado positivo me ahorraré mucho dinero y dolores de cabeza.
Si miramos el lado negativo podría escribir un nuevo post, pero ya no creo que valga la pena.
Hay momentos en que uno debe aprender a rendirse. Al parecer este será mi primer momento. Hasta siempre.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Divagaciones y un sueño
Ocurre que ocurrió lo que menos esperaba y ahora debo reinventarme para seguir. Pasa que no sé que quiero ahora, menos que hace uno o dos meses atrás, y siento un vacío enorme dentro del pecho que me impide pensar con claridad.
En algún momento, quizás hace un año atrás, estaba segura que mi vida seguiría sin mucho sobresaltos en pos de ese futuro que, de una forma u otra, siempre había soñado. De pronto, al comenzar el final del ciclo universitario, las claridades se fueron disolviendo y, al parecer, mis dudas terminaron por transformarse en dudas para él también. Ambos un poco impulsivos, con carácter fuerte, terminando un ciclo, con dificultades y aciertos, yo con ansiedades y angustias por las complicaciones, él con inmadurez y una seguridad que se afirmaba en aciertos fortuitos...suerte.
Terminamos distanciándonos, dejando de leernos, perdiéndonos en nuestros problemas e ignorando que el otro sentía esos problemas sin entenderlos.
Yo no supe explicarle lo que me pasaba, comencé a lentificar mi ritmo, a perder la chispa, a dejar que el abatimiento me ganara a ratos. Él se guardó sus dudas y sentimientos. La suma dio como resultado que nuestra historia se terminara...con harta inmadurez de ambas partes.
¿Qué pudo suceder? Pudimos decirnos más cosas, pudimos conversar, es posible que llegáramos a acuerdos, es posible que el amor sirviera de algo. También pudimos terminar de una mejor forma, sin discusiones, gritos ni cobros de sentimientos. Pudieron pasar tantas cosas, pero no ocurrieron.
Ahora trato de avanzar, pero siento que no me muevo ni un centímetro, que estoy sola en medio de la nada, pequeñita, perdida, desorientada.
Anoche soñé con él. No recuerdo todo el contexto del sueño, pero estaba con unas amigas y él me llamaba. Me preguntaba algo de scout y, lamentablemente, no podía ayudarlo. Me quedaba sorprendida porque no esperaba una llamada de él.
Después de un rato, llegaba a donde yo estaba, me tomaba de golpe y me besaba. Un beso de esos ricos, como le decía yo, apasionado, intenso, un poco brusco quizás. Mis amigas se quedaban sorprendidas y yo también, no entendía nada. Él me pedía conversar y yo lo escuchaba. Se ponía a llorar como un niño y me pedía disculpas, que sabía había sido inmaduro, que acepataba mis disculpas, que quería volverlo a intentar, que estaba arrepentido. Creo que le daba un beso, pero no recuerdo si le respondía algo.
No recordé este sueño hasta un par de horas después de haber despertado y me invadió un dolor en el pecho terrible. Evidentemente lo que soñé no ocurrirá...o por lo menos eso creo...
Ahora escribo tratando de buscar la calma, alguna pista para seguir, pero creo que no la encontraré hasta mucho tiempo después...sólo espero que no sea demasiado tarde.
Si hay algo que tengo claro ahora es el miedo, esa temor terrible que no me abandona, que me hace preguntarme mil veces si esta ruptura será lo mejor. La soledad también es clara, esa sensación de soledad constante a pesar de estar acompañada.
Todos me dicen que es para mejor, que las cosas se habían desgastado, que era complejo arreglar algo así. Yo no estoy segura.
En fin, las cosas ya son así y no hay nada más que hacer que seguir. Quizás, como le dije a él, la vida nos vuelva a reunir y nunca sabremos, hasta ese momento, lo que podría ocurrir.
¿Qué hacer? Seguir caminando...seguir, aunque no sepa hacia donde.
En algún momento, quizás hace un año atrás, estaba segura que mi vida seguiría sin mucho sobresaltos en pos de ese futuro que, de una forma u otra, siempre había soñado. De pronto, al comenzar el final del ciclo universitario, las claridades se fueron disolviendo y, al parecer, mis dudas terminaron por transformarse en dudas para él también. Ambos un poco impulsivos, con carácter fuerte, terminando un ciclo, con dificultades y aciertos, yo con ansiedades y angustias por las complicaciones, él con inmadurez y una seguridad que se afirmaba en aciertos fortuitos...suerte.
Terminamos distanciándonos, dejando de leernos, perdiéndonos en nuestros problemas e ignorando que el otro sentía esos problemas sin entenderlos.
Yo no supe explicarle lo que me pasaba, comencé a lentificar mi ritmo, a perder la chispa, a dejar que el abatimiento me ganara a ratos. Él se guardó sus dudas y sentimientos. La suma dio como resultado que nuestra historia se terminara...con harta inmadurez de ambas partes.
¿Qué pudo suceder? Pudimos decirnos más cosas, pudimos conversar, es posible que llegáramos a acuerdos, es posible que el amor sirviera de algo. También pudimos terminar de una mejor forma, sin discusiones, gritos ni cobros de sentimientos. Pudieron pasar tantas cosas, pero no ocurrieron.
Ahora trato de avanzar, pero siento que no me muevo ni un centímetro, que estoy sola en medio de la nada, pequeñita, perdida, desorientada.
Anoche soñé con él. No recuerdo todo el contexto del sueño, pero estaba con unas amigas y él me llamaba. Me preguntaba algo de scout y, lamentablemente, no podía ayudarlo. Me quedaba sorprendida porque no esperaba una llamada de él.
Después de un rato, llegaba a donde yo estaba, me tomaba de golpe y me besaba. Un beso de esos ricos, como le decía yo, apasionado, intenso, un poco brusco quizás. Mis amigas se quedaban sorprendidas y yo también, no entendía nada. Él me pedía conversar y yo lo escuchaba. Se ponía a llorar como un niño y me pedía disculpas, que sabía había sido inmaduro, que acepataba mis disculpas, que quería volverlo a intentar, que estaba arrepentido. Creo que le daba un beso, pero no recuerdo si le respondía algo.
No recordé este sueño hasta un par de horas después de haber despertado y me invadió un dolor en el pecho terrible. Evidentemente lo que soñé no ocurrirá...o por lo menos eso creo...
Ahora escribo tratando de buscar la calma, alguna pista para seguir, pero creo que no la encontraré hasta mucho tiempo después...sólo espero que no sea demasiado tarde.
Si hay algo que tengo claro ahora es el miedo, esa temor terrible que no me abandona, que me hace preguntarme mil veces si esta ruptura será lo mejor. La soledad también es clara, esa sensación de soledad constante a pesar de estar acompañada.
Todos me dicen que es para mejor, que las cosas se habían desgastado, que era complejo arreglar algo así. Yo no estoy segura.
En fin, las cosas ya son así y no hay nada más que hacer que seguir. Quizás, como le dije a él, la vida nos vuelva a reunir y nunca sabremos, hasta ese momento, lo que podría ocurrir.
¿Qué hacer? Seguir caminando...seguir, aunque no sepa hacia donde.
martes, 25 de agosto de 2009
Un año especial
Es extraño analizar el año cuando no estamos tan cerca de terminarlo, pero a raíz de pequeños episodios en la vida me parece pertinente.
Partí en año trabajando com RRPP sin serlo, a cargo del ceremonial y protocolo de la Universidad de Chile. Fue una experiencia demasiado intensa para mi, pero aprendí muchísimo y puse a prueba mi colon y sobrevivió...sobrevivimos los dos.
Luego un febrero relajado, decididamente vacaciones. No tesis, no trabajo, no nada más que flojear por un mes. Rico.
Posteriormente llegó marzo con el desafío (nuevamente) de la ayudantía y de terminar la bendita tesis, pero ese proceso me tuvo como loca hasta el último minuto. El 30 de junio recién entregué, casi tirándome de un puente y con ganas de matar a cualquiera que me diera un problema. Hasta ahí, la falta de un trabajo estable y "real" (no es que la ayudantía no sea pega, pero supongo que se entiende) no se notaba.
Julio fue raro, vacaciones de la ayudantía, esperando las notas de la tesis y haciendo cuenta regresiva para los 24. Este año mi cumpleaños fue lo mejor de la vida, memorable memorable como algunos de la más tierna infancia.
Pero llegó agosto -pasó mi cumple- y aún no llegaban las notas, menos la fecha de defensa de la tesis...y la desocupación comenzó a perturbarme.
Ya estamos por terminar el mes y ya tengo notas y fecha de defensa, pero aún no tengo trabajo y eso me vuelve loca. Me he puesto floja, me levanto tarde, me siento frente al compu -como ahora- en pijama a revisar mi cibernética vida y me desocupo sin haber hecho mucho. Gracias a Dios -o a mi, tal vez- a principios de julio comencé a "jugar" a asesorar comunicacionalmente a Bomba Racimo, línea de diseño de accesorios de mi amiga Natu, y eso me ha tenido algo activa y motivada.
Ha sido raro partir tan a full y estar ahora tan desocupada. Me perturba no ser capaz de levantarme temprano y hacer ejercicio y luego leer y buscarme tareas, pero creo que poco a poco (quizás demasiado lento para mi paciencia) he comenzado a ordenarme y pronto conseguiré reactivarme.
Por ahora busco pega y trato de disfrutar la falta de responsabilidades compartiendo con mis amigas, familia y mi novio, sacándole el jugo a los scout y tratando de aprender sobre la web que es una herramienta tan necesaria para una comunicadora como yo. Quizás suena como a mucho que hacer, pero sigo sintiendo que es nada. Nací trabajólica y con el correr de los años he descubierto que me gusta mantenerme ocupada...defecto o virtud...con el tiempo se verá.
Lo que viene?...espero que una magnífica defensa de mi tesis y un trabajo, concretar algunas cosas con mis proyectos y seguir creciendo para comenzar a volar con mis propias alas.
Partí en año trabajando com RRPP sin serlo, a cargo del ceremonial y protocolo de la Universidad de Chile. Fue una experiencia demasiado intensa para mi, pero aprendí muchísimo y puse a prueba mi colon y sobrevivió...sobrevivimos los dos.
Luego un febrero relajado, decididamente vacaciones. No tesis, no trabajo, no nada más que flojear por un mes. Rico.
Posteriormente llegó marzo con el desafío (nuevamente) de la ayudantía y de terminar la bendita tesis, pero ese proceso me tuvo como loca hasta el último minuto. El 30 de junio recién entregué, casi tirándome de un puente y con ganas de matar a cualquiera que me diera un problema. Hasta ahí, la falta de un trabajo estable y "real" (no es que la ayudantía no sea pega, pero supongo que se entiende) no se notaba.
Julio fue raro, vacaciones de la ayudantía, esperando las notas de la tesis y haciendo cuenta regresiva para los 24. Este año mi cumpleaños fue lo mejor de la vida, memorable memorable como algunos de la más tierna infancia.
Pero llegó agosto -pasó mi cumple- y aún no llegaban las notas, menos la fecha de defensa de la tesis...y la desocupación comenzó a perturbarme.
Ya estamos por terminar el mes y ya tengo notas y fecha de defensa, pero aún no tengo trabajo y eso me vuelve loca. Me he puesto floja, me levanto tarde, me siento frente al compu -como ahora- en pijama a revisar mi cibernética vida y me desocupo sin haber hecho mucho. Gracias a Dios -o a mi, tal vez- a principios de julio comencé a "jugar" a asesorar comunicacionalmente a Bomba Racimo, línea de diseño de accesorios de mi amiga Natu, y eso me ha tenido algo activa y motivada.
Ha sido raro partir tan a full y estar ahora tan desocupada. Me perturba no ser capaz de levantarme temprano y hacer ejercicio y luego leer y buscarme tareas, pero creo que poco a poco (quizás demasiado lento para mi paciencia) he comenzado a ordenarme y pronto conseguiré reactivarme.
Por ahora busco pega y trato de disfrutar la falta de responsabilidades compartiendo con mis amigas, familia y mi novio, sacándole el jugo a los scout y tratando de aprender sobre la web que es una herramienta tan necesaria para una comunicadora como yo. Quizás suena como a mucho que hacer, pero sigo sintiendo que es nada. Nací trabajólica y con el correr de los años he descubierto que me gusta mantenerme ocupada...defecto o virtud...con el tiempo se verá.
Lo que viene?...espero que una magnífica defensa de mi tesis y un trabajo, concretar algunas cosas con mis proyectos y seguir creciendo para comenzar a volar con mis propias alas.
jueves, 13 de agosto de 2009
En busca de...
Para variar no me encuentro en un estado de felicidad plena a la hora de sentarme a escribir. Lamentablemente mi pluma fluye y me obliga a escribir sólo cuando alguna pieza no está en su lugar.
Ahora ocurre que perdí algo, pero no sé que. Por distintas circunstancias las sonrisas que buscaba en el post anterior han comenzado a volver y ese tema pareciera mejorar. Pero cuando un problema te abandona eres capaz de prestarle atención a otro que habías dejado en segundo planto y eso es justamente lo que me sucedió.
Por diversas circunstancias (esa palabra es mágica para mi, lo explica todo), me encuentro en mi casa, con poco y nada que hacer, intentando encontrar ocupación, en el más amplio sentido de la palabra.
A ratos me incentivo pensando que tener vacaciones antes de la defensa de mi tesis y de encontrar una pega como profesional por primera vez no es malo, pero no puedo dejar de desesperarme entre las paredes de mi hogar.
También intento inventarme ocupaciones, limpiar el closet, hacerle trámites a mis papás, hacer aseo, cocinar, preparar cosas ricas, estudiar alguna cosa en la web. Aún así es inevitable me sobre tiempo y me falte motivación.
Increíblemente no he ordenado mi closet, ni he comenzado con mi rutina de ejercicios, ni estoy leyendo un libro, ni he trabajo en mi proyecto. Lo único que me mantiene ocupada es el "negocio" con una amiga y en eso me entretengo -y produzco- algunas horas en el día.
Sé que la solución parte por que me obligue a hacer cosas y que de a poco encontraré el ritmo, la energía y esa motivación perdida. Quizás sea este post una forma de obligarme a moverme.
Sólo puedo concluir que el que busca encuentra y que...¿cómo no voy a encontrar lo que me falta?
Ahora ocurre que perdí algo, pero no sé que. Por distintas circunstancias las sonrisas que buscaba en el post anterior han comenzado a volver y ese tema pareciera mejorar. Pero cuando un problema te abandona eres capaz de prestarle atención a otro que habías dejado en segundo planto y eso es justamente lo que me sucedió.
Por diversas circunstancias (esa palabra es mágica para mi, lo explica todo), me encuentro en mi casa, con poco y nada que hacer, intentando encontrar ocupación, en el más amplio sentido de la palabra.
A ratos me incentivo pensando que tener vacaciones antes de la defensa de mi tesis y de encontrar una pega como profesional por primera vez no es malo, pero no puedo dejar de desesperarme entre las paredes de mi hogar.
También intento inventarme ocupaciones, limpiar el closet, hacerle trámites a mis papás, hacer aseo, cocinar, preparar cosas ricas, estudiar alguna cosa en la web. Aún así es inevitable me sobre tiempo y me falte motivación.
Increíblemente no he ordenado mi closet, ni he comenzado con mi rutina de ejercicios, ni estoy leyendo un libro, ni he trabajo en mi proyecto. Lo único que me mantiene ocupada es el "negocio" con una amiga y en eso me entretengo -y produzco- algunas horas en el día.
Sé que la solución parte por que me obligue a hacer cosas y que de a poco encontraré el ritmo, la energía y esa motivación perdida. Quizás sea este post una forma de obligarme a moverme.
Sólo puedo concluir que el que busca encuentra y que...¿cómo no voy a encontrar lo que me falta?
lunes, 3 de agosto de 2009
Buscando sonrisas
Hace varios años ya que el camino se hizo algo más obscuro de lo que pensábamos, pero decidimos seguir adelante porque no se veían otros caminos. Ahora que lo pienso, creo que nos equivocamos.
Hoy me encuentro recorriendo los pasillos de mi mente en busca de recuerdos felices, tratando de rescatar las sonrisas que perdimos mientras avanzábamos por la vida. Encuentro muchísimas y variadas imágenes, algo así como si viera las fotos en el álbum de una familia feliz. Inevitablemente me pregunto dónde fue que dejamos todo eso.
También recuerdo que en una infancia y adolescencia no tan lejana creí tener poderes mágicos, una fuerza en mi que me permitía protegerme y proteger a otros con la fuerza de mis sentimientos y de la tierra...y curiosamente muchas veces funcionó. Hoy no encuentro ese talento en mi, no logro escribir un verso que le brinde ayuda a otros, ni menos siento fuerzas para hacerme cargo de la protección de alguien más ajeno a mi.
Mirar hacia atrás puede ser peligroso, decía ayer una tía. Nos hace patente el paso del tiempo, nos muestra lo que ya dejamos atrás y no podemos recuperar, nos hace ver como hemos crecido, que hicimos y que no.
Lamentablemente el ejercicio de mirar atrás se hace necesario cuando pierdes algo, ya sea en el afán de recordar en que lugar lo dejaste olvidado o sólo por evitar perder algo, errar, caer, etc.
Sentada frente a la pantalla del computador busco amigos de forma vitual. Me da miedo llamar y alarmar a todos. Anoche lo hice y aunque fue sanador para mi, en alguna medida siento que no debí hacerlo.
Hoy me encuentro recorriendo los pasillos de mi mente en busca de recuerdos felices, tratando de rescatar las sonrisas que perdimos mientras avanzábamos por la vida. Encuentro muchísimas y variadas imágenes, algo así como si viera las fotos en el álbum de una familia feliz. No dejo de preguntarnos donde quedó la felicidad, la tranquilidad, el equilibrio.
Necesito encontrar un sendero por donde desviar nuestro paso y recibir nuevamente los rayos del sol sobre nuestros rostros, necesito regalarles fuerza, fe, alegría, paz.
Lo malo, es que no encuentro nada de lo que busco, sólo recuerdos.
Hoy me encuentro recorriendo los pasillos de mi mente en busca de recuerdos felices, tratando de rescatar las sonrisas que perdimos mientras avanzábamos por la vida. Encuentro muchísimas y variadas imágenes, algo así como si viera las fotos en el álbum de una familia feliz. Inevitablemente me pregunto dónde fue que dejamos todo eso.
También recuerdo que en una infancia y adolescencia no tan lejana creí tener poderes mágicos, una fuerza en mi que me permitía protegerme y proteger a otros con la fuerza de mis sentimientos y de la tierra...y curiosamente muchas veces funcionó. Hoy no encuentro ese talento en mi, no logro escribir un verso que le brinde ayuda a otros, ni menos siento fuerzas para hacerme cargo de la protección de alguien más ajeno a mi.
Mirar hacia atrás puede ser peligroso, decía ayer una tía. Nos hace patente el paso del tiempo, nos muestra lo que ya dejamos atrás y no podemos recuperar, nos hace ver como hemos crecido, que hicimos y que no.
Lamentablemente el ejercicio de mirar atrás se hace necesario cuando pierdes algo, ya sea en el afán de recordar en que lugar lo dejaste olvidado o sólo por evitar perder algo, errar, caer, etc.
Sentada frente a la pantalla del computador busco amigos de forma vitual. Me da miedo llamar y alarmar a todos. Anoche lo hice y aunque fue sanador para mi, en alguna medida siento que no debí hacerlo.
Hoy me encuentro recorriendo los pasillos de mi mente en busca de recuerdos felices, tratando de rescatar las sonrisas que perdimos mientras avanzábamos por la vida. Encuentro muchísimas y variadas imágenes, algo así como si viera las fotos en el álbum de una familia feliz. No dejo de preguntarnos donde quedó la felicidad, la tranquilidad, el equilibrio.
Necesito encontrar un sendero por donde desviar nuestro paso y recibir nuevamente los rayos del sol sobre nuestros rostros, necesito regalarles fuerza, fe, alegría, paz.
Lo malo, es que no encuentro nada de lo que busco, sólo recuerdos.
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